SALVAD A LA PERDIZ ROJA

    Apenas ha trascurrido un mes desde que pedí apoyo para la perdiz roja, en el artículo que titulaba: Salvad al Sapo Partero, apoyo que consideraba imprescindible para salvar a nuestra perdiz, especie endémica de la península Ibérica, por estar siendo manipulada con reproducciones en cautividad, que parecen no estar sometidas a los controles genéticos debidos, caminando hacia una degeneración de la especie, circunstancia que es necesario frenar, si no queremos convertir su vuelo bravo y rápido en uno manso y gallináceo.

    Pues bien, la operación conocida como Emperador, nos trae a la actualidad los criaderos de perdiz roja, y la gestión cinegética desde el año 1.999 de la finca del Patrimonio del Estado la Encomienda de Mudela, con el método de reproducción en cautividad, método este que nada tiene que ver con el de la explotación de la perdiz roja en libertad, en el que se mantienen todas las relaciones necesarias de la especie con el medio, como único sistema de conservar la pureza genética de las mismas.


    Los criaderos de codorniz japonesa fueron los primeros que funcionaron, sobre todo en Francia, efectuándose sueltas masivas, de esta especie sedentaria, esperando que se asentaran y fueran capaces de reproducirse y colonizar el territorio. Como esto, después de muchos años no se ha conseguido, estas codornices han dejado de tener interés cinegético. Algo similar podrá suceder, cuando el cazador que esté de acuerdo con la tesis “Orteguiana” de que “cazar no es matar” exija la bravura característica de la perdiz roja, y las producidas en criadero solo quedarán para los matadores o los mataderos.

    Volviendo a las 17.000 hectáreas de la finca la Encomienda de Mudela, propiedad que fue del Instituto Nacional de Colonización, y ahora administrada por el organismo autónomo Parques Nacionales , siempre estuvo gestionada por un funcionario, ingeniero agrónomo o de montes. En el año 1965 era considerada como la mejor finca de caza de perdiz roja del mundo, y el periódico francés L’Aurore, el 8 de enero de ese año, comentaba como 12 cazadores franceses habían abatido 5.000 perdices en una sola jornada. En 1964 se llevaron, desde Mudela, para ayuda a la repoblación de otras regiones de España, 23.000 perdices vivas. Durante los años sucesivos, hasta el cambio de gestión agrícola de la finca, las perdices abatidas oscilaban entre las 12.000 y las 16.000 por temporada. El mencionado cambio de gestión agrícola alteró totalmente la relación de la perdiz roja con el medio, descendieron las poblaciones y, por tanto, bajó la posibilidad. Pero esta no se recupera efectuando suelta de perdices criadas en cautividad, sino volviendo a la gestión integrada en el medio.

    Del conocimiento de la explotación de la perdiz roja en libertad, el Dr. Jesús Rubio Paredes, del Cuerpo Nacional Veterinario, es el único español que ha estudiado a fondo el tema, y ha dejado escrito sus recomendaciones para todos aquellos, como este que escribe, que hemos seguido sus enseñanzas llevándolas a la práctica con resultados satisfactorios. El secreto para una gestión cinegética acertada, no consiste en otra cosa que en considerar la perdiz roja como la especie principal del territorio a gestionar, y adaptar el medio a sus necesidades, en cuanto a su protección y reproducción, y al control de las poblaciones del resto de la fauna, para evitar la competencia territorial, el excesivo número de predadores, y conseguir el óptimo de individuos de la especie principal. Este es el único sistema existente para la explotación de la perdiz roja en libertad, pues la reproducción en cautividad de la especie, debería contemplar la disposición de 2Ha. para cada 3 parejas, optimo territorial de la especie, superficie que es inviable disponer de ella para la cría en cautividad, y así no perder sus características genéticas de competitividad y agresividad.

    Como desde hace más de dos décadas, son muchos los cotos de caza que han optado por efectuar sueltas de perdices criadas en cautividad, en vez de gestionar los territorios de acuerdo con sus posibilidades, efectuando estas sueltas el mismo día de la tirada, que no del ojeo, en estos lugares podemos comprobar que las piezas no abatidas no son capaces de de defenderse en el medio que se han soltado, y por tanto, su reproducción no deja de ser un objetivo imposible.  


    Uno de estos cotos, el del término municipal de Valdearacete, en los años setenta, era el mejor coto de perdiz roja de la provincia de Madrid. Después de abandonar su gestión para la explotación de la perdiz roja en libertad, en la actualidad el coto permanece, pero las inexistentes perdices solo llegan encerradas en jaulones el día anterior a la tirada, para desde una divisoria forzarles a levantar el vuelo hacia la línea de escopetas. Terminada la tirada, las perdices no abatidas, son pasto fácil de todos los predadores, y si escapa alguna, no es capaz de sobrevivir en un medio que desconoce. Esta es una realidad que se puede denunciar en muchos otros cotos, y que es contraria a la permanencia de la especie en libertad.

    La caza en ojeo fue introducida en España durante la regencia de la Reina Maria Cristina, por la aparición de las escopetas de carga rápida y el uso de la pólvora sin humo. Esta técnica, de lance tan espectacular como difícil, pues solo una de cada 12 que vuelan por encima de la línea de escopetas es abatida, conquistó a los cazadores que creen que “cazar no es matar”, pues vieron que la pieza a cazar gozaba de todas las ventajas. Si el ojeo requirió determinados requisitos técnicos para implantarse, necesitó gran abundancia de perdices para practicarse, así como disponer de espacios abiertos para dirigir el vuelo hacia la línea de escopetas. Si a esto unimos la gran demanda de los cazadores de mayor poder adquisitivo, por este sistema de caza, dando lugar a la llegada a nuestro país de un turismo específico, debemos mantener esta práctica cinegética como explotación de un recurso natural, sin cuyo aprovechamiento desaparecería. A esta desaparición puede contribuir el ir sustituyendo el ojeo tradicional por las tiradas de perdices criadas en cautividad, olvidando que el manejo de los cotos forma parte de el conocimiento de la técnica aplicada a la Naturaleza.

Promover un movimiento encaminado a concienciar a las Administraciones para que controlen el manejo en libertad de la perdiz roja, es asegurar su supervivencia con todos sus caracteres genéticos de la especie; mantener un importantísimo recurso del medio natural del que forman parte importante el medio rural; conservar el ojeo como un método tradicional de caza de gran importancia económica, y evitar la pérdida, que ya se está produciendo, de la perdiz roja como especie principal de la mayoría de nuestros ecosistemas agro-forestales. Iniciado el camino del deterioro y desaparición progresiva de la especie, si no se le ayuda, llegaremos pronto al punto de irreversibilidad.

No es bueno escuchar que la Encomienda de Mudela va a desaparecer como cazadero Real, si ello lleva consigo el abandono de la gestión cinegética para la explotación de la perdiz roja en libertad de ese territorio, pues esta decisión puede acabar con el mejor coto de perdiz roja del mundo, como sucedió en su día, con otra especie emblemática de la fauna española, la Capra hispánica, cuyo coto de Cazorla desapareció por una decisión política de abandonar el sistema de gestión que existía. .