EL INVIERNO

Incendio-Robledo de Chavela y Valdemaqueda. Fuente: estrelladigital.es

    Cuando queda poco más de una semana para que termine el otoño, se nos escapa esta estación sin que, como decíamos en nuestro artículo de opinión “El Otoño”, hayamos dedicado el tiempo necesario a repasar los errores cometidos, en la recién terminada campaña de incendios forestales, y destacar las propuestas a llevar a cabo para que estos errores no se vuelvan a repetir. En realidad, como todos los años, han dejado de estar operativos todos los medios de extinción, cuyos costes se han incrementado en más de un 20%, sobre los de la campaña anterior, y en cuanto a la prevención, se sigue considerando, por los nuevos expertos, que no merece la pena perder el tiempo en estas medidas, pues siguiendo incrementando los medios de extinción, sobre todo los aéreos, se ganará esta batalla.

Lo malo es que esta reflexión es la misma que llevamos haciendo hace más de 30 años, y siempre le toca perder a la Naturaleza, pues el número de grandes incendios aumenta por décadas, con la pérdida de mayor número de hectáreas arboladas. Abandonada la prevención, como por ejemplo en la Comunidad de Madrid, traspasándola a Protección Civil, sin que al mismo tiempo se produzca el traspaso del personal forestal para que la lleve a cabo, da lugar a que desde que se efectuó este traspaso, no se han llevado a cabo labores de tratamientos preventivos, en las distintas masas forestales. Y siguiendo con esta comunidad, sería bueno que el responsable de Protección Civil explicase, porque el reten de bomberos, que tienen trasferidas las competencias sobre extinción de incendios forestales, más próximo al gran incendio de Valdemaqueda, se negó a salir de inmediato a combatirlo, vulnerando el principio básico de acudir antes de trascurridos los primeros 15 minutos de su inicio. En el resto de Comunidades Autónomas que, en la recién terminada campaña, han tenido grandes incendios, es necesario repasar minuciosamente los posibles errores cometidos, tanto en falta de prevención como en extinción, para tomar las medidas necesarias que impidan su repetición.

A finales del mes de septiembre llegó a mis manos una reflexión sobre los medios de extinción, titulada “La Burbuja de los Medios Aéreos”, escrita por un Ingeniero Técnico Forestal en activo, que por su oportunidad, y lo que supone de novedad, no me resisto a privarles de su conocimiento, por los mensajes que trasmite.

El mensaje principal se centra en comparar el coste de los distintos medios aéreos que operan en España, durante los tres meses de riesgo de incendios forestales, y destacar la equivalencia de estos costes, con el empleo de Brigadas de retén, de 9 componentes, maquinaria pesada (Bulldozer) o Autobombas. Fijadas estas equivalencias, se realiza un profundo análisis sobre las ventajas e inconvenientes del empleo de los medios aéreos en la extinción de incendios forestales, análisis que termina diciendo: “En resumidas cuentas, estamos matando moscas a cañonazos, cuando es más sencillo y barato el matamoscas, al que siempre terminamos por recurrir. Por cierto, un matamoscas se parece mucho a un batefuegos”.

El dato verdaderamente asombroso es el número de medios aéreos, aviones y helicópteros, que ascendió durante esta campaña de 2012 a 262 aeronaves, y se contrataron por un periodo mínimo de tres meses, y algunos hasta los 12 meses. De estas 262 aeronaves, 196 contrataron las C.C.A.A, 62 el Ministerio de Medio Ambiente y 4 la UME. No existe ningún país, en el mundo, con una superficie arbolada a proteger, de vegetación mediterránea, similar a la nuestra, que emplee el 30% de aeronaves que nosotros. Pero además, estas aeronaves precisan de unos costes de infraestructura elevados, para el establecimiento de sus bases operativas. Por lo que unos sencillos cálculos, aplicando los costes de las aeronaves, los de establecimiento de sus bases y mantenimiento de las mismas, a contratar Brigadas de Reten, conseguiríamos proteger, cada 3000 Ha. de superficie arbolada, de vegetación mediterránea, con 3 brigadas y 10 personas dedicadas a la vigilancia disuasoria, con tiempos de llegada, desde el inicio del incendio, menores de 15 minutos, principio básico para evitar los grandes incendios. Como alternativa esta continuar con el ritmo de contratación de aeronaves, contratación que no se producía para los helicópteros a principio de los años 80, y desde entonces, no se ha logrado que disminuyan el número de grandes incendios, por lo que esta burbuja alguien tendrá que explotarla.

“En los últimos tres años ha descendido la contratación de medios humanos, mientras los medios aéreos parecen inmunes a la crisis, con tendencia a mantenerse o aumentar. Cabe preguntarse que si los medios aéreos, por su inadecuada aplicación, son tan limitados en su eficacia y tan costosos ¿Por qué se han contratado en tal cantidad y por qué se siguen contratando cuando se producen drásticos recortes en contratar medios humanos?”.

El gato aviador.

La respuesta que da el autor de la reflexión es: “Como no soy mal pensado, no diré que es por ignorancia o por intereses perversos y oscuros. La respuesta es otra: Los medios aéreos son los que mejor salen en la foto. Nos quedamos embobados, seducidos por la imagen. Puro engaño”. No obstante lo anterior, se compromete a decir lo que opina que se debe hacer: “Primero poner los pies en el suelo, que es desde donde se apagan los incendios, Después, si lo que se pretende es aumentar la eficacia en la extinción de los incendios y, además, evitar que las listas del paro aumenten con trabajadores forestales, la solución sería una reducción drástica de los medios aéreos, y un aumento de Brigadas, Autobombas y Bulldozer. Sencillo…¿no?...pero a ver quién es el primero que le pone el cascabel al gato aviador”.

Para los forestales que no estamos en activo, es un motivo de satisfacción comprobar que aquellos que si lo están, recuerdan a la sociedad civil cuales son las técnicas y los conocimientos más adecuados, para prevenir y combatir los incendios forestales, pues la formación que hemos recibido, nos obliga a devolver a la sociedad lo mejor de nuestro saber, sin tener en cuenta lo que se conoce como lo políticamente correcto.

Esperemos que cuando pase este invierno, podamos decir que hemos contribuido a hacer buena la teoría de que los “incendios se apagan en invierno”, pues las labores de prevención se han ejecutado en tiempo y forma. Circunstancia que no se ha dado en las últimas tres décadas.