UN ECOLOGISMO EQUIVOCADO

Vista parcial de la dehesa
con plantones de encina incorporados

    Soy un asiduo paseante del parque madrileño conocido como LA DEHESA DE LA VILLA, parque formado por unas suaves laderas que, desde la zona noroeste de la ciudad, caen hacia la Ciudad Universitaria. Su semejanza con la de un monte natural adehesado, procedente de las repoblaciones efectuadas con pinos piñoneros y carrascos, en tiempos de Isabel II, árboles más comunes del parque, le confiere una característica singular, pues al carecer de zonas ajardinadas, un paseo por el mismo nos mantiene la ilusión de encontrarnos en un monte natural, aunque estemos dentro de la ciudad.

    A todo lo anterior ayuda que, en las vaguadas frescas, encontremos chopos, sauces, álamos y fresnos, además de algún superviviente, en las zonas más bajas, de la climax del bosque mediterráneo, como un gran ejemplar de encina y algún alcornoque. Bellos ejemplares aislados o en pequeños grupos, de cedros y cipreses, completan las especies mediterráneas, y allí donde la sombra de los pinos se abre al sol, el matorral que cubre el suelo es el típico de esta estación: jaras, retamas y romeros, y en los grandes claros aparecen los almendros, que en este momento se encuentran cuajados de flores, como si las terminales de sus ramas estuvieran cubiertas con copos de nieve. Este parque se acercó más a ser considerado como un espacio natural, cuando hace apenas 10 años, se cortó el tráfico que desde el final de la Ciudad Universitaria subía a Franco Rodriguez, atravesándolo de sureste a noroeste. De este modo desapareció el molesto ruido de la circulación, que se agudizaba más por tratarse de una subida con pronunciadas curvas. Ganado el silencio, este debe ser de los pocos parques de Madrid, donde es posible escuchar el canto, según la época, de verderones, carboneros, herrerillos, jilgueros, currucas, abubillas, pitos reales. petirrojos………., o el arrullo de las torcaces y la llamada de las corujas al atardecer. Todas estas aves, junto con otras, hasta llegar a 70 especies, se encuentran aquí en su casa, sin que el ruido ni la masificación humana las moleste, y como prueba de ello, a poco que nos descuidemos, veremos a un agateador azul trepar por el tronco del árbol próximo al que nos encontramos.

  -Plantación lineal de encinas moribundas

    Suprimir el tráfico antes citado, llevó consigo la urbanización peatonal y para bicicletas de la calzada utilizada por los automóviles, que se dividió en dos mitades, separadas por una plantación lineal de encinas, experimento nunca conseguido en ninguna otra parte, pues los más mínimos conocimientos de selvicultura aconsejan que esta especie no aguanta que sus raíces permanezcan en suelos encharcados, pues ello las conduce a la muerte, cuando esto se produce de forma segura en un alcorque de obra. Hay tristes ejemplos de encinas centenarias, de porte singular, en el próximo club de golf Puerta de Hierro, muertas por afectar el riego de los “green” al encharcamiento de su sistema radical. En el caso de la plantación lineal, además, se les instaló un riego por goteo. Como consecuencia de este error, todos los años se van perdiendo parte de las encinas plantadas, que en principio se sustituyeron por otras que se volvieron a perder, y al final, sabiamente. se han sustituido por otras especies, aunque los costes elevados de estas plantaciones las hayamos pagado todos los contribuyentes, para llevar a cabo una idea genial de un proyectista poco documentado sobre el tema.

 Prototipo de encina incorporada en el experimento

    En este momento, hoy mismo, y en los últimos años, sin saber a que criterios silvícolas responde, con el conocimiento del director del parque, se están plantando los huecos de la dehesa con plantones de encinas, que la mayoría de ellas, como es normal, se están “arratonando”, y las más viejas muriendo. Si lo que se pretende, como parece, es cambiar la maravillosa dehesa actual en un chaparral, el monte hueco actual desaparecerá, y como tal la dehesa.

    Es verdad que en el siglo XII, cuando este monte se legó a la Villa de Madrid, todo el parque sería un encinar, como lo siguen siendo los terrenos próximos del monte del Pardo, pero de esto han trascurrido casi mil años, con todos los cambios introducidos por el hombre para su aprovechamiento, desde el ganadero, las leñas, las roturaciones y el uso urbano. Solo en el año 1530, el Consejo de Castilla, debido al aumento de población de la Villa, destina más de la mitad de la superficie de la Dehesa a nuevas roturaciones. Estas actuaciones. junto con otras consecuencia de la gestión de todos los recursos, en beneficio de la subsistencia del hombre, modelaron los distintos estratos de vegetación, desapareciendo el arbolado, hasta que hace 150 años, acertadamente, se decide recuperarlo con especies arbóreas adecuadas a la fase de pinares, dentro de la regresión climácica en que se encuentran esos suelos, repoblando con los pinos ya mencionados. El paisaje actual, por tanto, se debe a los distintos usos que el hombre ha demandado a estos suelos, desde los aprovechamientos directos (maderas, leñas, pastos, frutos), a los actuales de disfrute del paisaje y contemplación de la Naturaleza. Pero hay que tener en cuenta, que para llegar a la situación actual han transcurrido casi 1000 años, por lo que no es posible creer que vamos a volver al establecimiento de un bosque climácico, cargándonos la dehesa existente. Estos experimentos nada tienen que ver con la educación ambiental, pues el hombre, a pesar del poder que se le supone, todavía no puede imponer sus tiempos a la Naturaleza.

    Pidamos que este tipo de ecologismo se pare, y nos dejen, a los que nos hacemos la ilusión de encontrarnos en una dehesa, pasear por ella, disfrutar de las formas caprichosas de sus árboles, escuchar los trinos de sus pájaros, y contemplar las piruetas de las ardillas rojas trepando por los troncos de los árboles y saltando entre sus copas que se tocan. Que quien corresponda prohíba estos experimentos, que no responden a ningún plan determinado, basado en los principios elementales que conducen a la sostenibilidad de este maravilloso parque urbano, el único existente en Madrid que se pueda asimilar a un parque natural.

 Otra vista parcial de la dehesa.