LA PRIMAVERA

    Cuando apenas falta un mes para que termine esta estación, por estos caprichos de la meteorología, estamos sufriendo unos días típicos de invierno, hasta tal punto que Madrid ha sido noticia por haber alcanzado la mínima de las máximas (9º), de todas las capitales del hemisferio Norte, el pasado sábado día 18 de mayo.

    Esto qué es lo anecdótico de esta primavera, no puede ocultar el estar siendo la más lluviosa de los últimos 50 años. Casi un día si y otro también, los cielos se mantienen grises, blanquecinos, y la lluvia, y en las cotas más altas la nieve, cae durante las últimas semanas de manera generosa. Si nos referimos a la nieve, no hay nada tan cierto como que “año de nieves año de bienes”, pues los efectos de la nieve en el campo son bien conocidos por los agricultores, al infiltrarse el agua en el suelo lentamente, a medida que las temperaturas ascienden, sin producir ningún arrastre.

    Es un espectáculo estos días, salir de las ciudades y asomarse al campo y ver y oir correr los arroyos, que han estado secos los últimos años, sin ninguna actividad biológica, y que ahora, aunque sea por un corto periodo de tiempo, se recuperan para la vida. Además de mostrarse con abundancia este escaso elemento que es el agua, la vegetación se encuentra en su mayor esplendor, antes de verse sometida, con la llegada del verano, al típico estrés hídrico, de la vegetación mediterránea, tan nefasto para la producción de grandes incendios, si nada o poco se ha hecho para prevenirlos. Pero esto merece un capítulo aparte.

    Siguiendo extasiados con esta abundancia generosa de agua. que la Naturaleza nos ha donado a coste cero, nos paramos a pensar, viéndola correr por los ríos que la llevan a perderse en el mar, la tremenda barbaridad que supuso la derogación del Plan Hidrológic0 Nacional, con la llegada del gobierno Zapatero hace ocho años, no respondiendo esta actuación a ningún criterio político de futuro, ni territorial ni económico, si no a intereses espureos de partido, de conseguir unos votos de los nacionalistas que, como ahora se ve, estaban cargados de veneno.

    Son muchos los analistas que dicen que la gestión del Estado en las dos legislaturas de Zapatero, llevó a España al borde de la bancarrota, generando una crisis económica, financiera e institucional propia, que agravó más nuestra situación ante Europa. Pero todo esto que es grave y nos hace estar en una revisión continuada, para que el país no se pare por una temporada mientras nos rescatan, podemos ir saliendo con sacrificios. Pero suspender un Plan Hidrológico Nacional, es acabar con la norma que nos podía conducir a solucionar el grave problema del agua para el próximo siglo, problema que hemos dejado abandonado creyendo que esto puede esperar, cuando un país mediterráneo como el nuestro está condenado a sequias, muchas de ellas casi bíblicas, mientras despreciamos dar solución a llevar el agua de las cuencas excedentarias a las deficitarias.

    No he oído a nadie de la denominada clase política, en esta primavera generosa en precipitaciones, clamar porque parte de estas aguas no se pierdan y dispongamos de espacios para poderlas reservar en el tiempo, para cuando lleguen, que sin duda llegaran, las épocas de escasez. Tampoco les hemos oído quejarse de aquellos asesores que recomendaron para España un monstruoso Plan de Desaladoras, como sustituto de un Plan Hidrológico Nacional, cuando conocían que el coste de nuestra energía, la más cara de Europa, no hacia posible la elevación y distribución del agua desde el nivel del mar, por el país más montañoso después de Suiza que es España, engañando a consumidores y agricultores en los costes de producción, que luego no pudieron aplicar, dando al traste con la puesta en funcionamiento de este Plan.

    Ahora que a algunos se les llena la boca, un día si y otro también, de hablar de pactos de Estado, cuando se consigue algo tan difícil como un pacto sobre el agua, entre todos los actores que en él intervienen, y que fue lo que se consiguió para aprobar el Plan Hidrológico Nacional, llegan al gobierno, y lo que tanto costó conseguir en el tiempo, poner de acuerdo a Comunidades Autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos, Confederaciones Hidrográficas, Comunidades de Regantes, Sociedades de Aguas…etc, se destruye con una toma de decisión unilateral de un gobierno que no explica los motivos para cargarse un pacto de Estado como este, que además contaba con la financiación suficiente para llevarlo a cabo. Esta decisión que no encuentro adjetivos para calificarla, pues es la primera vez que en la historia de España se había logrado un pacto de Estado similar, nos costará a todos los españoles perder el tren para llegar a encontrar el camino que diera solución a resolver nuestros ancestrales enfrentamientos, para resolver la distribución equitativa del agua, entre todos los territorios, y poder afirmar que , a partir de entonces, seremos más iguales, Pues hasta ahora, esto de la igualdad entre los habitantes de las distintos territorios, es una prédica de los políticos que no se lo creen ni ellos, ya que basta tomar como indicador la puesta a disposición y distribución del agua por Comunidades Autónomas, para darnos cuenta que un elemento tan importante, como el agua, para el desarrollo y la vida, relega a los habitantes de muchos de nuestros territorios a ser ciudadanos de categorías inferiores. No obstante, cuando todos se pusieron de acuerdo ante un pacto de Estado por el agua, para ser más iguales, alguien consideró que todavía no había llegado el momento para lograr esta igualdad, e incluso se blindó la posibilidad de poder efectuar trasvases entre cuencas, aunque los nacionalistas que esto apoyaron, cuando la sequia llegó a sus territorios, no dudaron en ejecutar un trasvase urgente, llamándole de otra manera. Que hipocresía y que insolidaridad.

    Cuanto más se retrase volver a conseguir un nuevo pacto sobre el agua, más desigualdad se producirá entre los habitantes de nuestros territorios de marcado clima continental y mediterráneo, y los de la zona de influencia ibero-atlántica, pues la demanda continuada de alcanzar mejor nivel de vida, está totalmente vinculada a tener cubiertas las necesidades de agua que permitan el nivel que se pretende, y en un país como el nuestro, la experiencia dice que no existe otra solución que el trasvase de nuestras cuencas excedentarias a las deficitarias.

    Si ya se han perdido 8 años, ni un minuto más podemos seguir dejando perder el agua que las generosas precipitaciones, como las de esta primavera, nos brindan. Un período de sequia no es anormal que se presente de forma súbita, y será muy triste volver a las restricciones y las camiones cisternas de reparto, mientras lloramos por el agua que se perdió en el mar. Y no vale decir que estamos en crisis, pues dentro de las crisis existen prioridades, y es más importante tener aseguradas las necesidades de agua, tanto para el suministro humano , como para la agricultura y la industria, que promocionar otro tipo de infraestructuras. Si no se toman soluciones urgentes al respecto, lo pagaremos con más desigualdad y más pobreza. No estaría mal empezar con más tecnócratas y menos leguleyos.