LOS CAZADORES

 

    Coincidiendo con la noticia de que el Gobierno ha enviado al Consejo de Ministros una nueva Ley que permita, la práctica de actividades, con fines económicos, dentro de los límites territoriales de los distintos Parques Nacionales de España, no han dejado de levantarse voces con las opiniones más variopintas, muchas de las cuales intentan enmendar la página, de la gestión llevada a cabo en los distintos Parques Nacionales de U.S.A, primer país del mundo en declarar, hace más de un siglo, este tipo de espacios protegidos, y que el resto de los países del mundo hemos intentado copiar a su imagen y semejanza.

 

    Lo primero que sorprende de algunos medios de comunicación que recogen esta noticia, es que de manera frívola la titulen como: “Empieza el negocio en los Parques Nacionales”, cuando ellos saben, o deben saber, que la singularidad de estos espacios protegidos no permite su identificación con un Parque Temático, en los que si no se hace negocio, estos desaparecen. Sin embargo, en aquellos cuya finalidad al crearlos fue el “uso y disfrute por el hombre”, manteniendo sus características naturales de geología, flora, fauna y paisaje, y para evitar cualquier tipo de negocio con estos componentes de la Naturaleza, se acordó que la gestión de estos espacios protegidos se sufragara con los impuestos de todos los ciudadanos, y todos ellos tienen derecho, después de un pago simbólico a la entrada, al uso gratuito de los medios que el Parque pone a su disposición para su uso y disfrute de todas sus singularidades, por lo que no es posible confundir esto con un negocio. En contra de esto, aquí en España, se dan casos como el del Parque Nacional de San Mauricio y Aigües Tortes, donde te obligan a dejar tu coche en el Centro de Información, y si quieres subir a los lagos, que son la mayor singularidad del Parque, tienes que alquilar un todo terreno, caso único que no sucede en ningún Parque Nacional de Estados Unidos, ni siquiera en el Denali, en Alaska, donde el recorrido en Autobús supera los 50 kilómetros. En realidad, si la gestión para el funcionamiento del Parque se paga con los impuestos de los ciudadanos, no es posible volver a cobrarle nada más, como no sea una cantidad simbólica por la entrada, por visitar el Parque que se trate, pues eso sería como obligarnos a pagar peaje cuando circulamos por una carretera del Estado.

 

    Otro tema polémico que los medios de comunicación ponen en boca de la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saenz de Santamaría, es que la norma, pretende reforzar la eficacia del papel del Estado, que podrá intervenir en la gestión de los Parques Nacionales, en manos de las Comunidades Autónomas. Después de leer esto uno se pregunta, como es posible, que si solo el Estado puede declarar un territorio como Parque Nacional, y su gestión y mantenimiento se sufraga con los impuestos de todos los españoles, es necesario establecer una norma legal que permita al Estado intervenir en el control de la gestión de aquello que paga con recursos provenientes de sus Presupuestos Generales del Estado. Uno que no es especialista en leyes, por mucho que se lo expliquen, que no ha sido así, no entiende que el Tribunal Constitucional, en el año 2004, declarase que la gestión de estos espacios protegidos correspondía a las comunidades autónomas , que según las normas internacionales para su creación, ni están facultadas para declararlos, ni se sufragan con los impuestos de sus ciudadanos, sino con los de los de todo el Estado. Por lo anterior, estos espacios protegidos se denominan Parques Nacionales. Esta limitación es tan estricta, que después de trascurridos más de 130 años de la declaración del primer Parque Nacional de Estados Unidos, ninguno de sus estados federados ha podido declarar este tipo de espacios protegidos, y mucho menos gestionarlo, pues esta es una competencia exclusiva del Estado Federal. Por poner un ejemplo, en el estado de Arizona existen tres Parques Nacionales, el Gran Cañón, el Bosque Petrificado y El Saguaro, todos ellos declarados y gestionados por el Estado Federal, y 28 Parques Estatales, declarados y gestionados por el estado federado de Arizona.

 

   Por lo expuesto, el Gobierno debería olvidarse de legislar reclamando una gestión que es de su exclusiva competencia, pues cualquier reclamación ante un tribunal internacional de esta resolución llevada a cabo por el Tribunal Constitucional, podría llevar a anular la consideración de Parques Nacionales a estos espacios protegidos, por no estar sometidos a los principios fundamentales para ser considerados como tales. Es curioso que cuando esto se produjo, ninguna asociación, de estas que ahora tanto se preocupan por las normas legales de funcionamiento, levantara la voz en contra de esta resolución del Tribunal Constitucional.

 

   Por último, no por ello menos importante, determinadas asociaciones de sabios: Seo-Bird Life, Ecologistas en Acción y WWF, siguen considerando la caza como una actividad incompatible con los usos de un Parque Nacional, lo cual demuestra que su pensamiento ecologista les supera para poder opinar de forma objetiva sobre un aprovechamiento consecuencia de la sostenibilidad de sus especies de fauna, y cuando este aprovechamiento se abandona, se producen regresiones importantes de sus poblaciones, y muchas veces la desaparición de las mismas, como ha sucedido en España, sin ir más lejos, en la Sierra de Cazorla con la cabra hispánica. Decir que la caza es incompatible con los Parques Nacionales, es negar la realidad de que el aprovechamiento cinegético se viene realizando desde hace más de 100 años en todos los Parques de Estados Unidos, sin menoscabo par la conservación de la fauna, y lo mismo puedes conseguir un permiso para abatir un oso en Denali que un ciervo en el Gran Cañón, y además este cometido no se lleva a cabo por los guardas del Parque, sino por los cazadores que pagaron su permiso con sus dólares, a los que acompaña el correspondiente guarda. Es curioso que estas asociaciones que viven de magras subvenciones de los distintos gobiernos, y que alguna vez nos gustaría que se hiciesen públicas, sean tan generosas dejando que el Parque deje de percibir importantes ingresos por la venta de los permisos de caza, con tal de combatir una actividad tan antigua como el hombre, que cuando se realiza de forma sostenible, como en este caso, contribuye a la conservación de las especies y al mantenimiento del equilibrio de sus pirámides de población. Por otro lado, como se prohíba la caza, en algún Parque Nacional como Cabañeros, se tendrá que desclasificar la mitad de su superficie, pues está compuesta por Cotos Privados de Caza.

 

   Con relación a la pesca deportiva, en todos los Parques Nacionales de Estados Unidos con ríos trucheros, se autoriza su práctica mediante el correspondiente permiso, siendo en alguno de ellos, como en Yellowstone, una parte del paisaje la figura del pescador lanzando el aparejo con la técnica de la mosca seca.

   Es conveniente que si pretendemos una normativa para mejorar el funcionamiento y gestión de nuestros Parques Nacionales, nos limitemos a copiar las normas de aplicación en los Parques Nacionales de U.S.A, pues al menos nos llevan más de un siglo de experiencia, y no prestemos mucha atención a muchas teorías que solo están basadas en resultados no contrastados por la experiencia, y cuya aplicación nos puede conducir a consecuencias irreversibles, pues la NATURALEZA no es una ciencia exacta y si experimental.

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