SUBE LA LUZ

  

    De nuevo nos anuncia el Gobierno una subida de la luz, por lo que nos situaremos a un precio estratosférico, comparado con el resto de los países de la Comunidad Europea de nuestro nivel de desarrollo, en los que, además, sus salarios alcanzan niveles con poder adquisitivo más elevado.

    Este continuo ritmo de subidas, de los últimos tres años, que han superado, según reflejan las facturaciones, cotas del 75%, parece que no se van a frenar, pues eso que llaman el déficit tarifario no para de crecer, a pesar de las continuadas subidas que se repercuten a los consumidores. Lo peor de todo, es que no nos dicen cuales son las causas, ni cuanto va a durar en el tiempo esta situación, para alcanzar unos costes de la energía similares a los de los países de Europa, que son nuestros competidores, por lo que así es muy difícil aspirar a que el capital exterior se plantee venir a España, como no sea a cambio de fuertes rebajas fiscales.

    Pero todo esto, aunque parezca mentira, una parte es anterior a la crisis, y otra es debida, en plena crisis, a propiciar un cambio de generadores de energías completamente erróneos.

 Enrico Fermi (Premio Nobel de Física en 1938),
padre de la fisión nuclear.

    Si nos remontamos a los años ochenta, teníamos un plan energético nacional que apostaba, una vez puesto en marcha, por la energía nuclear, para una parte importante del suministro durante los siguientes años a la duración de la vida de las centrales, no inferior a los 50 años. Pues bien, llegó un partido político y con el un líder, al que se le considera por sus correligionarios como un hombre de Estado, que decidió, por ideología política, cargarse este plan, en estado muy avanzado de construcción, y para indemnizar a los propietarios de las futuras centrales, no se les ocurrió otra cosa que fueran los consumidores los que, en sus recibos de la luz vieran incrementadas estas indemnizaciones, hasta la extinción de las mismas, sin poner reparos a que las compañías eléctricas importaran la energía nuclear, que a ellos les habían prohibido generar, de nuestro país vecino Francia. Esta incoherencia no cabe duda que es la típica de un hombre de Estado, que como tal debe pasar a la Historia.

    La segunda parte de esta comedia trágica, de la subida continuada de la energía en España, es más reciente. De nuevo un partido político y su líder, gobierna España entre los años 2004 y 2012, y quiere pasar a la posteridad apostando por las energías eólicas, a pesar de que estas habían llevado a la quiebra al estado de California, las solares y las fotovoltaícas, con el consejo de no se sabe que expertos, pues no hay mayor impacto sobre el paisaje, además de ser este un impacto irreversible, que el que generan, sobre todo las instalaciones eólicas, fácilmente comprobable levantando nuestra vista sobre la mayoría de las divisorias de nuestras montañas. Curiosamente este tipo de impacto, no preocupa a las distintas asociaciones ecologistas del mundo, por lo que no es aventurado pensar que participan de este gran pastel que son los 20.000 millones de euros que pagamos los españoles, como siempre los consumidores, para compensar a los inversores en generar estas energías renovables. Estas escandalosas cifras compensatorias, hicieron acudir, como moscas a la miel, a grandes inversores españoles y extranjeros, con los que se han adquirido unos compromisos que, si queremos prescindir de ellos, las indemnizaciones que tuvimos que pagar los consumidores por el parón nuclear, serán una insignificancia comparadas con estas. Lo peor de todo esto, es que el responsable de tomar esta decisión, así como de los asesores que contribuyeron a ello, no sienten ningún tipo de vergüenza de habernos embarcado en unos costes innecesarios, que no podemos pagar sin que se resienta la economía familiar.

    Todo esto es mucho más grave, si nos situamos en un país como España, en el que según la Asociación de Grandes Presas existe la posibilidad de construir 50 nuevas grandes presas, para paliar tanto la sequía, como para afrontar y gestionar las grandes inundaciones, cada vez más recurrentes como consecuencia de los efectos previstos en el cambio climático, y producir energía hidráulica, la más limpia y sostenible de todas. Estas condiciones naturales que presenta nuestra geografía, de las que no disponen otros países con orografías menos intrincadas, no es posible dejarlas de aprovechar, cuando este tipo de construcciones se podrían llevar a cabo con financiación privada, a cambio de las correspondientes concesiones de explotación. Tendrá que llegar un tiempo en que, de una vez por todas, sin miedo a que te identifiquen con épocas pasadas, se demuestre que se pueden reducir los impacto negativos de una presa y potenciar los efectos positivos de la misma.

 Central Hidroelectrica en las cataratas del Niagara desde 1897.

    Por otro lado, España es uno de los países que cuenta con la mayoría de su suelo forestal, bajo la influencia de la vegetación mediterránea, con una gran posibilidad de grandes producciones de biomasa para generar energía. Son muchos los estudios y conocimientos disponibles para desarrollar en este campo, y que al no haberse llevado a la práctica, mediante las oportunas ordenaciones de nuestros matorrales hacia este fin, todos los años se pierden miles de millones de kilocalorías en los incendios forestales. El aprovechamiento de estas energías no genera ningún tipo de impacto, y además, estas si que son renovables en el espacio y el tiempo, y, por supuesto, no requieren inversión pública para su implantación. ¡Hay quien de más!