CARTA A UN AMIGO

    Querido amigo y compañero de profesión:
Hoy he estado recordando el tiempo que hace que nos conocemos, hace ya cincuenta y tres años, cuando empezamos el curso académico del año 1960, el primero de carrera, después de un duro ingreso en nuestra Escuela Especial de Ingenieros de Montes, requisito entonces que para muchos suponía un “handicad”, hasta llevarles al abandono de estas carreras, pero así estaba establecido el acceso a cualquier ingeniería. La verdad es que el esfuerzo realizado para superar el ingreso, te facultaba para adquirir una capacidad de síntesis, que hacia más fácil el estudio de la mayoría de las asignaturas de la carrera. No hace falta decir que a la escuela que me estoy refiriendo es a la de Madrid, pues para entonces no existía otra, y parecía que era suficiente. Pues estábamos equivocados, ya que a día de hoy están funcionando siete escuelas más en toda España, de las cuales seis son públicas. Vamos que por escuelas que no quede, aunque más del 20% de este colectivo se encuentre en paro, con el alto coste que hemos tenido que pagar, con los impuestos de todos los españoles, para formar a estos titulados. Estas seis nuevas Escuelas están integradas dentro de las de agrónomos, como si producir con la técnica de año y vez, tuviera algo que ver con los aprovechamientos con turnos de cien años.

    Terminada la carrera, a pesar de que el ingreso era la entrada al Cuerpo de Ingenieros de Montes, tuvimos que esperar más de siete años para adquirir esta categoría administrativa. Entonces si que estaba “tieso” el Estado, y en todos esos años no fue capaz de absorber los ochenta ingenieros de dos promociones, que estábamos a la espera de ocupar la plaza que por Ley nos pertenecía, sin recibir compensación alguna por este retraso.

    Lo primero que quiero comentar contigo, es la barbaridad que se ha perpetrado, en los últimos 50 años, de cambiar cuatro veces el plan de estudios de nuestra carrera, habiendo seguido con las mismas asignaturas. Los sabios que planifican la enseñanza, puede que tengan sus razones, pero entre ellas no se encuentra la de economizar en lo superfluo y fomentar el conocimiento práctico de las ciencias aplicadas a la naturaleza. Te digo esto, porque antes de iniciarse el curso actual, se rumoreaba que podrían alquilarse las instalaciones de la Escuela de Madrid para la celebración de bodas, bautizos y comuniones, para conseguir ingresos extraordinarios y poder pagar los gastos corrientes de mantenimiento. Posiblemente sea un bulo, pero nadie puede asegurar que no sea intencionado.

    Es una pena, como profesionales del sector forestal, tener que admitir que la inversiones en el mismo no han crecido, e incluso no se han mantenido, cuando la sensibilidad hacia la conservación sostenible de la naturaleza ha arraigado entre la población de todas las tendencias políticas y especialidades. Quizás esta contradicción tenga su origen, en la creencia generalizada de esa filosofía ecologista, que la mejor gestión forestal es la que no existe. Filosofía que no hemos sido capaces de rebatir, a pesar de que existen claras evidencias del deterioro galopante de la naturaleza, aunque nunca parezca rápida, a la vista de los profanos en esta materia, pues los tiempos para manifestarse estos deterioros, no se miden con la misma escala que la edad de los hombres.

    ¿Te acuerdas de la asignatura llamada Ordenación de Montes? Era muy duro su estudio y comprensión, pues la aplicación de la ciencia exacta a lo que ahora se llama sostenibilidad de los bosques, no dejaba mucho margen para fijar los distintos aprovechamientos, una vez que se elegía el método a seguir, lo que no permitía soluciones imaginativas. En realidad, en los últimos 30 años, con las transferencias de competencias a las Autonomías, se ha practicado poco esta disciplina, pues en muchas de ellas se han paralizado o ralentizado las mismas, dando lugar a flagrantes situaciones de regresión climácica, que esperemos que se corrija, antes que se llegue a una situación que no permita, con el apoyo de la acción de la ciencia, su reversibilidad. Es escandaloso dedicar importantes cantidades de dinero a fundaciones para la biodiversidad y el cambio climático, mientras que el 80% de nuestros montes de Utilidad Pública, que componen la infraestructura básica de nuestros bosques, no disponen de recursos para ser ordenados.

    También ha aumentado de forma estrepitosa la superficie ocupada por matorrales invasores y regresivos, sin que mediante su repoblación la hayamos ganado como superficie arbolada, para incrementar el espacio ocupado por nuestros bosques. Y para camuflar este dato, se filtran mensajes diciendo que ha crecido nuestra superficie de bosques, cuando en realidad lo que ha crecido es el suelo forestal, como consecuencia del abandono del cultivo de suelos agrícolas marginales. O se dice, como se recoge en una revista de una de las más importantes aseguradoras de España, que en los últimos 40 AÑOS SE HAN REPOBLADO 7 MILLONES DE HECTÁREAS. Dato que, en el mejor de los casos, incluyendo plantaciones productivas y otras realizadas con subvenciones de la PAC, y según las estadísticas oficiales, no supera la media de 30.000 ha/año, lo que quiere decir que, como mucho, se alcanza un total de 1,2 MILLONES DE HECTAREAS REPOBLADAS, para estas cuatro décadas. No se entiende quien puede estar interesado en la exposición de datos falsos, como no sean todos aquellos que en estas cuatro últimas décadas, han consentido la falta de una política forestal, y con ello quieren tapar las estadísticas forestales más negativas del último siglo y medio.

    Tampoco creas que ha sido para tirar cohetes, la desaparición inexplicable de las Divisiones Hidrológico Forestales, organismos imprescindibles para mantener viva la relación fundamental entre el agua y los bosques, rompiéndose el nexo entre la ingeniería civil y la forestal, desapareciendo desde entonces las correcciones hidrológico forestales de las cuencas hidrográficas, y facilitando la generación de erosiones hídricas, que dejen nuestras laderas desnudas de vegetación, por la carencia total de suelo. Así caminaremos más rápidos hacia la desertización, aunque muchos nos llamen catastrofistas, pero es normal, porque ellos no se mueven en tiempos mayores a la duración de un par de generaciones.

    Puedes suponer que no te voy hablar de los incendios forestales, pues ahora como estamos fuera de temporada, este tema no toca. Te equivocas, pues cada década vamos a peor, a pesar de haber crecido en progresión logarítmica las inversiones en medios de extinción, la superficie ARBOLADA quemada no disminuye, ni tampoco el número de grandes incendios. Y seguimos abandonando la prevención. Pero los gestores de los Planes de Protección contra incendios forestales se sienten felices y contentos con su gestión, a pesar de que casi todas las Comunidades Autónomas duplican su tasa de quema permisible, y algunas de ellas la multiplican por cuatro, y siguen, como dicen los catalanes, sin hacérselo mirar. Y mientras tanto el sufrido ciudadano español, perdiendo capital bosque sin tener a quien reclamar, pues todo es achacable a las altas temperaturas que este verano venimos soportando. Confiemos en que alguien, algún día, separe de esta gestión a los que confían en que nuestros veranos no sean calurosos, vaticinio totalmente imposible de alcanzar, pues eso depende de nuestra situación geográfica.

    Te dejo ya, pues por hoy ha sido bastante, sobre todo para ti que pediste, cuando te tocó ingresar, la excedencia en la Administración, y te dedicaste a ejercer en la actividad privada, por lo que, afortunadamente, no te sientes responsable de nada. Aunque me consta que todavía, cuando paseas por un bosque ordenado, ya sea un pinar, un robledal o un hayedo, te acuerdas de aquellos años en los que adquiriste los conocimientos necesarios, para gestionar de forma sostenible todos los recursos renovables.

    Un abrazo y espero tu respuesta.

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