RESPUESTA DE UN AMIGO

Ginkgo biloba en otoño

    Querido amigo y compañero de profesión:
Acuso recibo de tu carta de hace una semana, en la que me trasmites diversas inquietudes sobre el futuro de nuestra profesión y nuestros montes. Te la agradezco, porque con ella me has hecho retroceder a la etapa de estudiante, la más feliz que recordamos los que hemos conseguido finalizar los estudios que nos propusimos, donde todavía se creía en valores como el de la amistad desinteresada, y el de la solidaridad con todos los compañeros a los que puedes ayudar en un momento de apuro, sin que te lo solicite.

    Como bien dices en la tuya, yo he dedicado mi vida profesional a trabajar en la actividad privada, renunciando, desde el momento de mi ingreso en la Administración, a la plaza de ingeniero de montes del Estado que por aprobar el ingreso me correspondía. De esta decisión no me he arrepentido nunca, aunque tengo que reconocer que en algunos momentos, como a mediados de la década de los noventa, coincidiendo con el final de la crisis del petróleo, añoraba haber renunciado a mi condición de funcionario, desde cuyo destino hubiera capeado la crisis con más tranquilidad. Pero esta añoranza me duraba un ratito, pues en mi actividad profesional, en la empresa privada, he alcanzado puestos de alta responsabilidad, por lo que me forjé un “curriculum”, que nunca me hizo temer por encontrar trabajo, en una u otra empresa. Además, mis ingresos nunca estuvieron limitados, como me hubiera sucedido siendo funcionario, y esto me permitió aportar continuamente ideas, que proporcionaba a las empresas donde trabajaba, para mejorar sus beneficios, y ellas incrementaban mi buen sueldo con importantes comisiones. De este modo pude dar a mi familia una vida acomodada, sin sobresaltos económicos, y suscribir un importante plan de pensiones, que ahora, llegada la jubilación, me permite mirar los años que me quedan de vida, sin tener la sensación de que soy una carga para los demás.

Acebo en invierno

    Que cosas te cuento ¿verdad? Tú preocupado por el futuro de nuestros montes, como si fueran de tu propiedad, y yo voy por la mitad de mi respuesta, y ni siquiera te los menciono. Pero supongo que sabes, que mis ingresos me permitieron comprarme una pequeña propiedad, de una hectárea de superficie, a una hora de coche de la ciudad donde vivo, en la cual, además de construirme una coqueta casa de campo, me plante mi pequeño bosque, donde no me faltan los tradicionales árboles forestales de nuestro país, y puedes encontrar un pino silvestre y un piñonero, un castaño, un haya, un roble, un fresno, un acer, un cerezo, como árboles principales, y como exóticos un par de secoyas y tres ginkgos. Así que cuando tengo añoranza del monte, me doy un paseo entre ellos, y contemplo cómo van conformando su silueta después de cuarenta años que hace que los planté. Precisamente ahora, cuando se está terminando el otoño, los ginkgos con sus hojas de color amarillo oro son un espectáculo, y un par de acebos, cargados de frutos rojos con sus brillantes hojas, me están anunciando la llegada de la Navidad, sin que los americanos me digan que ya han celebrado el día de Acción de Gracias También todos los años, para el día de los Santos, puedo tomar unas castañas asadas de mi castaño, y para Navidad puedo prepararme mi postre forestal favorito, que no es otro que la mezcla de la miel, que me producen un par de colmenas que tengo en la zona más soleada de mi bosque particular, y las pocas nueces que cosecho de mí nogal . Muchos días me recreo admirando las evoluciones de una pareja de corzos, que se han aquerenciado en visitar mi bosquete. ¿Pero sabes que es lo mejor de todo esto?, que estos árboles, que no son los 30 millones que tu hayas podido repoblar para solaz y disfrute de todos los españoles, son míos, y nadie me puede reprobar si cometí una barbaridad ecológica al sustituir los matorrales invasores y regresivos por árboles.

    Me ha extrañado mucho que en tu carta no te hayas referido a la caza, y fundamentalmente a la de la perdiz roja. No sé si sabes que en una de las empresas que fui Consejero Delegado, el Presidente era un gran aficionado a la caza en ojeo de la perdiz roja, y me metió el gusanillo en el cuerpo de esta modalidad de caza, cosa que tu no conseguiste con la caza en mano, cuando en los últimos años de carrera me llevabas a subir y bajar barrancos, persiguiendo a las bandos de perdices, para acabar reventado y solo colgarte en la percha tres o cuatro de ellas, a pesar del espectáculo único que suponía ver cazar a Tony, tu bello setter laverak. Sin embargo el ojeo me captó de tal modo, por la dificultad que suponía, aunque todas volaban por encima de tu cabeza, derribar alguna de ellas, que el fin de semana, con la veda abierta, que no tenía ojeo, no cargaba las pilas, y ni siquiera pasearme por mi bosque particular, me hacía olvidar que tendría que esperar toda una semana, para ese especial encuentro con la Naturaleza. Pero todo aquello acabó hace diez años, cuando empezaron a colar de matute en los ojeos ¿perdices? criadas y manipuladas en las mal llamadas granjas cinegéticas, creo que autorizadas, entre otros, por compañeros nuestros, sin el debido control genético de la especie, lo que convirtió el tiro difícil de la brava perdiz roja en su vuelo rápido, en un tiro a un ave con un vuelo lento y gallináceo. En ese momento colgué las armas, y desde entonces no he consentido que me vendan gato por liebre, y bastante lo sentí, pues si hubiera tenido conocimiento de que esto se hubiera arreglado, seguro que me habría reenganchado, pues esta modalidad de caza no requiere disponer de unas piernas fuertes, que es de lo que carecemos los jubilados. No te pregunto si fuiste capaz de con tus propuestas frenar esta barbaridad ecológica, pues me consta que hace 20 años, ya pasabas de los 50, y para entonces habrías sido relegado en algún rincón, por cualquiera de los partidos políticos que se creen que la Administración es suya, en beneficio de sus asesores aúlicos. Es una pena que esta situación, por inanición o pasotismo de los funcionarios, pueda llegar a ser irreversible.

Castaños en las avenidas del Retiro

    Como ves no me preocupa mucho lo que me cuentas de los nuevos planes de estudio de la carrera, ni de los avatares económicos por los que está pasando nuestra Escuela, donde un nieto mío que se le ha ocurrido estudiar nuestra carrera, me dice que un profesor asociado, que les da clase sobre incendios forestales, cobra la ridícula cifra de 500€ mensuales, los mismos que querían pagar a los empleados en la limpieza urbana de MADRID, y los sindicatos montaron, como ahora se dice, un “pollo”, pues eso no fue una huelga, que ríete de los destrozos ocasionados por un huracán en el mobiliario urbano. Tampoco quiero entrar en el abandono de las Ordenaciones de los Montes de Utilidad Pública, ni en la carrera galopante del olvido de la prevención y aumento de los medios de extinción, para combatir los incendios forestales, cuyo número no decrece, ni la superficie arbolada quemada, a niveles de la década de los sesenta, cuando no existía ninguna sensibilidad ecológica, ni tantos sofisticados medios para el combate. Veo grave el abandono de las inversiones en corrección hidrológico forestal de nuestras cuencas, pues ello es crucial para para el mantenimiento del binomio agua-bosques, y si van desapareciendo los bosques, cada vez dispondremos de menos agua, y por tanto se hará más difícil todo tipo de vida.

    Te recomiendo, en aras a que la duración de nuestra amistad sea larga, que no te tomes muy a pecho toda la destrucción de la naturaleza, a la que se llega por falta de aplicación de las ciencias forestales a la misma. Yo sé que tú has sido un gran vocacional de la profesión, pero ya estas jubilado, como yo, y corres el riesgo que a todos aquellos que lo que dices les compromete, procurarán ridiculizarte como al “abuelo cebolleta” Sabes que tus cartas siempre serán bienvenidas, pero cuídate y no te cojas berrinches por todos los abandonos dentro del sector forestal que me cuentas, pues ello acortará tu vida.

    Espero que no tardes otros cincuenta años, en desahogar tus preocupaciones sobre la gestión, poco acertada, de nuestros montes conmigo, pues siempre te comprenderé, entre otras cosas por ser coetáneo contigo, y, a pesar de ser un tópico, porque creo que cualquier tiempo pasado fue mejor.

    Un abrazo.