EL CUARTO TURNO

    En los últimos días, debido a una sentencia polémica, de la que una juez que accedió a la carrera judicial, mediante el llamado cuarto turno, ha sido la ponente, se ha convertido esta forma de acceso, en un tema discutido y discutible. Este sistema empleado por los partidos políticos para promocionar a sus afines ideológicos, no parece ser el más indicado para ocupar plazas de jueces, que van a disponer, con sus resoluciones, de las vidas y haciendas de los que litigan, sin tener la ética de abstenerse, cuando la cuestión se encuadra más en el mundo de la ideología, dando lugar a una presunta irregularidad, si predomina solo la suya propia. Si este supuesto se da, nadie puede negar que la balanza equilibrada con la que se representa a la justicia, pierde todo su simbolismo, y la resolución tomada, puede considerarse por los de otra ideología, como no ajustada a derecho.

    Pero no debemos asustarnos por este sistema del cuarto turno, pues es una costumbre de la clase política, en todos los campos de la administración pública, para colocar como funcionarios a sus afines, sin tener que superar el duro trámite de unas oposiciones. El sistema que se sigue es variado, pero el más empleado es convocar concursos, para cubrir determinadas plazas, siendo el mérito preferente el haber ocupado por un determinado tiempo como contratado, la plaza a concurso. Cuando el tiempo apremia, como en Andalucía, se lleva al Parlamento, donde se tiene mayoría, un Decreto en el que se acuerda hacer funcionarios a 20.000 empleados que han prestado sus servicios en distintas empresas públicas de la Autonomía.

    Ahora, para entrar en el sector que más conozco, el forestal, decir que aquí se ha generado un cuarto turno, que viene trabajando, con fundamentos más ideológicos que de aplicación de las ciencias forestales al territorio, desde hace casi cincuenta años. Todo comienza con la celebración, del 5 al 16 de junio de 1972, de la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo, a la que asistió, en representación de España, el Ministro de la Presidencia Don Laureano López Rodó, y demostró su complicidad con el Medio Ambiente, asistiendo a las sesiones en bicicleta, fotografía que ocupó las primeras páginas de todos los periódicos españoles y algunos extranjeros.

    A su vuelta, todos los funcionarios que trabajábamos en el sector forestal, esperábamos que se potenciara el Principio 2º de la declaración final que decía: Los recursos naturales de la tierra, incluidos el aire, el agua, la tierra, la flora y la fauna, y especialmente muestras representativas de los ecosistemas naturales, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras mediante una cuidadosa conservación u ordenación, según convenga.

    Pero lo anterior no se intentó llevar a cabo, ni se siguió el ejemplo de dotar con recursos suficientes a nuestros montes de Utilidad Pública, declarados un siglo antes, para que todos fueran ordenados, tomando ejemplo de Suecia, Noruega y Finlandia. Como novedad se suprimió la Dirección General de Montes Caza y Pesca Fluvial, y el Patrimonio Forestal del Estado. La primera dedicada a gestionar nuestro montes de U.P bajo criterios de probada sostenibilidad, desde la administración del Estado, con sedes en todas las provincias. El segundo un organismo autónomo, cuya misión era repoblar la mitad de nuestro suelo forestal, más de diez millones de hectáreas ocupadas por matorrales invasores y regresivos. Suprimidos ambos, fueron sustituidos por el organismo autónomo Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza, destacando en su nombre la palabra conservación, conocido como ICONA. En este organismo, en aras al cuarto turno, y con las disculpa de una disciplina plural en la gestión, entraron a formar parte una serie de personas de distintas profesiones, algunas de ellas sin profesión definida, que consideraban incompatible la conservación con la ordenación de los recursos naturales renovables de la Naturaleza, como se recogía en el 2º Principio antes expuesto. Aunque minoritario en número, el grupo que apostaba por la conservación, con gran apoyo mediático, logró, poco a poco, que la mayoría de las dotaciones presupuestarias se aplicaran a la conservación, con grandes inversiones en temas monoespecíficos, nunca integrados en la totalidad del ecosistema. Como ejemplo, basta recordar que en el tema del combate de incendios forestales, se empezó a potenciar la compra de medios para la extinción, en perjuicio del total abandono de las medidas preventivas, criterio que sigue vigente y que ha durado hasta nuestros días, consiguiéndose, a partir de esa década, basta con consultar las estadísticas, que se incrementaran el número de incendios y la superficie arbolada quemada.

    El mes de mayo de 1995 desaparece el ICONA, antes que los conservacionistas del cuarto turno, dieran su brazo a torcer, ante las recomendaciones de la Cumbre de Rio celebrada en 1992, que insistían en la necesidad de la ordenación sostenible de los recursos naturales, para una mejor conservación de la naturaleza. Pero para entonces ya se habían producido las trasferencias a las distintas autonomías, y los del cuarto turno ya habían organizado la administración y gestión de los montes, en cada una de ellas, bajo el punto de vista de la conservación, dividiendo, en muchos casos, las competencias entre distintas consejerías. Ante el fracaso de este modelo de gestión, por el deterioro que empezaba a mostrarse en algunos ecosistemas, a día de hoy, han desaparecido alguno de estos modelos.

    Conviene recordar, no obstante, que desde la creación del ICONA, en un país como el nuestro, en el que la mitad de su superficie está ocupada por suelo forestal, han desaparecido, entre otros: el Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, cuando la ciencia forestal es una ciencia experimental; el Servicio Nacional de Plagas Forestales, que cuidaba de la sanidad de nuestros montes, y las Divisiones Hidrológico Forestales, imprescindibles en un país mediterráneo para gestionar debidamente la relación fundamental entre los bosques y el agua.

    A día de hoy, la gran preocupación de la gente procedente del cuarto turno, que jamás en su trayectoria profesional han sido capaces de aplicar las ciencias forestales a la naturaleza, es vender la importancia de nuestros montes como productores de beneficios intangibles o medioambientales, como si esto fuera algo nuevo, y olvidarse de la gestión sostenible de sus recursos, como si ambos fines fueran incompatibles. Dicen que ha llegado el momento de olvidarse, entre otros temas, de las ordenaciones de los montes, de la corrección hidrológico-forestal y de las repoblaciones, materias específicas de la profesión de los Ingenieros de Montes. Es un error ayudar a que las inversiones públicas en estas materias sigan paralizadas, como lo han estado, en general, durante los últimos 40 años, pues ello contribuirá a la regresión de nuestros suelos, y la vida que ellos sustentan, nuestra flora y nuestra fauna.