ASESINOS

    La pasada semana, en un programa de una determinada cadena de televisión, de estos ahora tan en boga, en el que un par de locutores leen un guión en plan autómatas, con una pose y una voz impostada, representando una comedia como si estuvieran ausentes del escenario de la representación, pues desconocen el desenlace de lo que leen, entre bromas y risas, en plan sarcástico, llamaron ASESINOS a los cazadores, apoyándose en unos dibujos animados en el que los niños eran los protagonistas. Esto de adoctrinar a los niños, en lugar de enseñarlos, obedece a los instintos más primarios de algunos sectarios educadores, que se creen los salvadores de la humanidad, defendiendo su pensamiento como el único existente, y pretenden destruir a los que piensan de manera distinta, poniendo en boca de sus hijos lo que ellos no se atreven a debatir con sus padres. Este trilerismo de esconderse detrás de los niños, solo conduce a crear en éstos sentimientos de odio, hacia los que en determinados temas, en este caso el ejercicio de la caza, mantienen opiniones discrepantes, nunca conducentes al exterminio de las especies cazadas.

    El desconocimiento del arte de la caza, pues así se ha llamado desde que existen crónicas escritas sobre la misma, lo que equivale a decir desde los primeros tiempos de la existencia de las distintas civilizaciones, no es óbice para que por encargo de un Director de un programa de televisión, un guionista escriba un guión cuyo objetivo, bastante burdo, sea denostar a la actividad cinegética, llamando asesinos a los que la practican, y a los que jamás se les ha ocurrido cazar en la época de cría o reproducción de las especies, o en los llamados días de fortuna, en las que estas, debido a inclemencias meteorológicas o catástrofes naturales, pierden parte de sus facultades de defensa. Es absurdo pensar que un cazador es un asesino de las especies de la fauna que caza, cuando dedica todos sus esfuerzos al mantenimiento de las mismas, pues si ellas desaparecen y se acaban extinguiendo, el desaparecerá como cazador.

    Hay muchos ejemplos del juego limpio que practica el cazador, colaborando en el mantenimiento y conservación de la flora y de la fauna en los espacios naturales. En España, los dos últimos Parques Nacionales creados, el de Monfragüe y Cabañeros, nunca podrían haber sido merecedores de alcanzar esta protección, de no haber estado enclavados en zonas entre prestigiosos cotos de caza, algunos de los cuales entró a formar parte de los citados Parques. También, la mayor parte de la superficie el archiconocido Coto de Doñana, antes de ser declarado Parque Nacional, durante muchos años, fue un conocido coto de caza de anátidas, sin que la práctica de la caza supusiera un peligro para su desaparición. Peligro que si fue una amenaza cuando se hizo desaparecer la gestión por el hombre de las poblaciones silvestres, y se produjeron gravísimos ataque de botulismo. Por este mismo motivo, hoy mismo, leemos en la prensa: “El corazón de Doñana en riesgo por sobreprotección”, pues pocos ecosistemas deben tanto a la mano del hombre, entre ellos a los cazadores, como este Parque Nacional, y ahora se reconoce que es necesario el regreso del hombre, para recuperar parte de su esplendor hoy amenazado por la sobreprotección. Como ejemplo práctico se ponen las poblaciones de lince, que después de 50 años de protección total, solo cuenta con ocho ejemplares en la reserva biológica de Doñana, frente a los cuarenta de Aljarafe.

    Todo lo anterior no es nada nuevo, para cualquier iniciado en los temas relacionados con la flora y la fauna y su aprovechamiento sostenido por el hombre. Aunque si representa una novedad para los consumidores de fascículos por entregas, que sin titulo académico alguno para presentarse ante la sociedad se llaman “naturalistas”, y que si prescinden de sus predicciones catastróficas nadie les escucha, si bien hay que reconocer su sabiduría para entrar en todos los medios de comunicación, y concitar audiencias hábidas de malas noticias.

    La teoría de que hay que sacar al hombre de la naturaleza, para que esta evolucione sin su gestión, sigue tratando de imponerse por muchos, como el Director del programa televisivo que nos ocupa, desconociendo que en la Cumbre de Rio, hace ya 22 años, se recomendaba como única manera de mantener en el tiempo todos los recursos naturales renovables, su gestión y aprovechamiento sostenible por el hombre. Pero a pesar que fue necesario que esto fuera ratificado por la Cumbre de Rio, hacía más de un siglo que los creadores de los primeros Parques Nacionales, los americanos, habían implantado esta figura máxima de protección, sin abandonar la gestión sostenible de sus poblaciones de fauna, por la grave amenaza que ello supondría para el equilibrio de las mismas, permitiendo desde entonces, hasta hoy mismo, la caza de sus poblaciones excedentes. Una prueba más que, después de transcurrido más de un siglo practicándose la caza regulada, en estos espacios sometidos a la mayor protección conocida, sus poblaciones de especies cinegéticas, se encuentran sanas y equilibradas.

    Si hacemos caso a los que mantienen esa casposa teoría de que la caza es la actividad propia de los nobles, y tomamos las estadísticas de España, en la que más de un millón de españoles pagan sus correspondientes impuestos, que no son pocos,, para practicar el ejercicio de la caza, seríamos el país con más aristócratas por hectárea del mundo. Cuando la realidad es distinta, pues aquí más de un 90% de cazadores proceden del medio rural, que tienen la caza como un entretenimiento, y a veces un aprovechamiento, del medio que conocen, en el que están integrados, y del que son un elemento imprescindible, si no queremos que se rompa la cadena. Esta rotura se ha producido en muchos términos municipales, en los que no se ha gestionado la caza, y especies como la perdiz roja, endémicas de España, podemos considerarlas como “rara avis” por su desaparición.

    Sería bueno que los responsables de estos programas, se informasen debidamente sobre los temas en los que tratan de educar a las niños, para atacar a sus padres. Pues si según uno de los pensadores más respetados de España, “cazar no es matar”, es una barbaridad, por no decir una malintencionada mentira, asegurar que los cazadores son unos asesinos. Pedir disculpas sería lo aconsejable.