EL PAPA FRANCISCO

     En 1633 la Iglesia católica romana condenó la doctrina de
      Galileo por postular que la Tierra gira alrededor del sol

    La pasada semana, Bergoglio, como le llama el líder del populismo español, ha publicado la encíclica ALABADO SEAS, que no está dirigida solo a los católicos, sino a todos aquellos que mundialmente puedan parar la degradación de “la casa común que Dios nos ha confiado”.

    Antes de nada quiero manifestar que me declaro católico practicante, y pedir perdón a mis correligionarios, por si alguno se escandaliza al leer mis opiniones sobre esta encíclica, que paso a comentar seguidamente.

    Creo que la Iglesia casi siempre se equivoca, cuando entra en temas de contenido científico, siendo lo más grave lo que tarda en rectificar. Para muestra es suficiente los casi CUATROCIENTOS años que tardaron en rehabilitar a Galileo, el astrónomo del renacimiento, considerado hoy día como el padre, entre otras ciencias, de la Física moderna. La resistencia de la Iglesia a separar la teología y la moral de la ciencia, resistencia que todavía permanece en algunos casos, retrasó gravemente para la humanidad, la llegada de múltiples avances de las incipientes ciencias. Dicho esto, en ningún caso quiero dar a entender, que la Iglesia y su líder espiritual, debe dedicarse a no manifestar nada que se salga de la teología y la moral, pues se le debe exigir que esté en el mundo de hoy, y que sus mensajes, si se refieren al mundo de la ciencia, no se puedan prestar a la manipulación interesada.

      El Papa Bergoglio bebiendo mate con ricos y pobres

    Si entramos en la encíclica que nos ocupa, tengo que reconocer que me siento incapaz de opinar sobre lo que se recoge en sus, nada menos que casi, DOSCIENTAS páginas, en mi opinión llenas de generalidades, faltas de concreciones, sobre las que, por tanto, es casi imposible opinar, porque te tienes que definir ante uno de los dos bandos que describe, el de los buenos o los malos, según se mire. Tremendo error esto de las banderías, pues un líder religioso no debe entrar en temas que puedan separar a sus feligreses, sino en aquellos que les puedan unir.

    No es oportuno, si me perdonan algunos, manifestar que esa casa común que Dios nos ha confiado, está siendo destruida por los países ricos a costa de los pobres. Lo cual, si me permiten, además de un fuerte tufo a populismo, es totalmente falso, pues los dos países más ricos del mundo, Estados Unidos y Japón, son ejemplo de como se han preocupado de cuidar y conservar sus recursos naturales, fundamentalmente para uso disfrute de sus ciudadanos menos afortunados. Este ejemplo, que es fácilmente comprobable, demuestra que el preocuparse por la ECOLOGIA, y no por el ECOLOGISMO, no es problema de riqueza, es problema de sensibilidad. ante el desarrollismo desordenado, llevado a cabo por países sin respetar los recursos naturales. Si tomamos como ejemplo España, estamos corrigiendo, como en el resto de Europa, los problemas generales de contaminación, que no son irreversibles, mientras como hemos dicho muchas veces, pasamos de la prioridad de dedicar recursos a la conservación de la naturaleza, y nos olvidamos, como le he oído decir al Papa Francisco en alguna ocasión, que “Dios perdona siempre, el hombre a veces y la Tierra nunca”.

    Otro error que considero de la encíclica, es la defensa a ultranza del cambio climático, cuando científicamente no está probado que este se manifieste en los plazos que dicen los llamados “calentólogos.” Cualquiera que tenga algún conocimiento sobre la Tierra, la Naturaleza y el Medio Ambiente, no puede negar la evolución y el cambio, que con el discurrir del tiempo les afecta. Pero pasar de este reconocimiento a asegurar, como dicen los defensores del cambio climático, que se estima que la temperatura media anual aumentará entre 1,4º y 5,8º hasta el año 2100, por efecto de los gases de origen antropogénico, es una osadía que carece de cualquier base científica. Si desde el año 1886, primer año en el que existen datos climáticos fiables, hasta nuestro días, la media de las temperaturas máximas, en el mejor de los casos, no ha llegado a subir por encima de 0,5º, parece que si se mantiene este incremento, para llegar a un aumento de más de 5º como contempla la previsión para este siglo, sería necesario el paso de más de un MILENIO. En cuanto al cambio de clima, los científicos dedicados a la astrofísica, aseguran que las variaciones del clima a corto plazo, no pueden causar un efecto invernadero irreversible en la Tierra, que necesitaría para manifestarse mucho tiempo, y cuando se dice mucho tiempo se habla de MILLONES de años.

      Cumbre del Clima 2015 en París

    Es una pena que esta encíclica aparezca poco antes de celebrarse este año en Paris la próxima Cumbre del Clima, como para salvar las fracasadas de Kioto y Copenhague. Está claro que los científicos de los países más avanzados de la Tierra, no confían en que las catástrofes anunciadas por los “calentólogos” tengan una credibilidad avalada por la ciencia, y puede parecer que estos últimos le han pedido al Papa que, ya que no cuentan con el aval de la ciencia, les eche una mano divina.

    No es bueno que el pastor conduzca a su rebaño por caminos tortuosos, con encíclicas etéreas y poco claras, que no le enseñen el camino seguro a seguir en la vida terrenal, por falta de definición de su doctrina, Ante un tema que su propia parroquia se encuentra dividida, si se baja a la tierra, como hizo uno de sus antecesores, el Papa Woytila, debe tomar partido, y mostrar cual es el camino a seguir por sus feligreses para salvar su alma: el que conducía a lograr la libertad individual, o el que le llevaba a permanecer encadenado para que el Estado protector, sustituto de la Religión, le salvara de los males de esta Tierra. Si sigue el ejemplo de su Santo antecesor, díganos que camino seguimos, si el avalado por la ciencia, o el que nos venden unos agoreros que nos piden olvidarnos de la misma. Si otra vez condenamos a Galileo, por lo menos que le dejemos decir mientras se le condena: “Si, pero esto se mueve”.

    Hay que olvidarse de buscar el enfrentamiento entre los pobres y los ricos, pues estos últimos son muy pocos y, según las palabras de Cristo, tienen poca posibilidad de alcanzar el reino de los cielos. No obstante, la mayoría de la gente es rica en conocimientos, que se ha labrado con su esfuerzo personal, que trabaja todos los días de su vida y paga sus impuestos, siendo ella la que hace posible la solidaridad entre todos, y que está esperando recibir mensajes que no conduzcan al enfrentamiento, que son la ruina de los pueblos, como se ha demostrado a lo largo de la historia, incluso la más reciente.

En 1611, Galileo viajó a Roma para reunirse con altos cargos eclesiásticos.
Pero, aunque utilizó el telescopio a fin de mostrarles sus descubrimientos astronómicos,
las cosas no resultaron como había esperado.
Para 1616, Galileo era oficialmente objeto de investigación.