LAS ROCOSAS

   San Pablo de Los Montes (Toledo)

   Después de unos días pasados por la nieve y el hielo, las televisiones nos han mostrado las más variadas imágenes, a cual más bellas, de nuestros montes cubiertos por la nieve, y cada cual se ha transportado, a los lugares de montaña que guardo en mi memoria, a los que imagino con su manto blanco. De este modo, entre otros parajes, yo recordada como en mi niñez, el día de la Candelaria, veía caminar a mi madre desde el balcón de mi casa, por encima de más de medio metro de nieve, para llegar a la misa de un pequeño pueblo de los Montes de Toledo.

    Desde este bello recuerdo de mi niñez, me he pasado a imaginar como serán los parajes, nevados de una de las cordilleras más emblemáticas y bellas del mundo, Las Rocosas, parte de las cuales se extiende, de Norte a Sur en Estados Unidos durante 2.000 Km., desde Montana a Nuevo México. Toda esta cordillera, que he tenido la suerte de recorrer en verano, he pasado a imaginármela, ayudado por la nieve y el frío, cubierta de nieve.

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LAS CASTAÑAS

    Cuando empieza a caer de forma rápida el frio con la puesta del sol, fenómeno climatológico que comienza a darse cuando el otoño entra en su fase media, es decir alrededor de la festividad de todos los Santos, en muchas esquinas de las ciudades aparecen, junto a una gran estufa de carbón abierta, las castañeras, que a cambio de unas monedas nos venden un cucurucho, casi siempre de papel de periódico, lleno de castañas asadas. No se cual es el secreto de que el cucurucho sea de papel de periódico, pero me imagino que es debido a que es el que, además de el bajo coste de su reutilización, mejor trasmite el calor de las ardientes castañas, sin llegar a quemar nuestras manos.

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LAS SECOYAS - III

Hojas de secoya “sempervirens”

    La segunda especie que existe del genero Secoya, es la “sempervirens”, y al igual que la “giganteum” sólo se encuentra en el estado de California, en la franja costera del Pacifíco que discurre desde San Francisco al límite con el estado de Oregón.

    Para los iniciados en botánica resulta fácil distinguir una especie de otra, pues mientras la hoja de la “giganteum” es similar a las de la sabina, la de la “sempervirens” es muy parecida a la del tejo, y el color de la corteza de esta es mucho más rojo, de ahí que su nombre vulgar sea “redwoods”.

    En cualquier tramo de la N-I, al norte de San Francisco, carretera catalogada como panorámica, durante más de 600 kilómetros, podemos encontrar secoyas rojas, tanto en prados abiertos, como en bosquetes protectores de las laderas con fuertes pendientes que caen a profundos barrancos. Quizás el tramo más espectacular sea el que cruza y bordea el “Redwoods National Park”, donde se observa como las piceas de Sitka hacen la función de pantalla cortavientos, para proteger a las secoyas de los vientos cargados de sal del Pacífico, que estas no toleran.

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LOS CEDROS

Cedro centenario-Jardín de La Granja

    El pasado día 20 me encontraba escuchando el discurso de apertura del Presidente del Gobierno, del Estado de la Nación, cuando contó la siguiente anécdota:

    Señorías, cuentan la historia de aquel mariscal francés destinado en las colonias que, ante el incendio de parte de un bosque centenario de cedros, ordenó al técnico forestal que se plantarán otros cuanto antes. El técnico le contestó que serían precisos 200 años para que los nuevos cedros alcanzaran la altura de los que habían ardido. A lo que el mariscal contestó:”Razón de más para empezar cuanto antes”.

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LAS SECOYAS - II

General Sherman (leblic.es)

    Abandonando “Yosemite” por su entrada sur, nos encontramos, en unas dos horas de viaje en coche, con los otros dos Parques Nacionales en los que vegetan el resto de ejemplares de secoyas “giganteum” que existen en el mundo. Ya hemos dicho que estos dos Parques, el “Kings Canyon” y el “Sequoia”, están situados, lo mismo que “Yosemite”, en la cordillera de Sierra de Nevada, ocupando el límite sur de la misma. Ahora decimos, que los mismos personajes con influencia política y credibilidad, entre ellos John Muir, que terminó carteándose con el Presidente Roosevelt, consiguieron que el Congreso, en 1890, declarara Parques Nacionales tanto a “Yosemite” como “Sequoia”, quedando asegurada la supervivencia de estos gigantes, incluso las pocas secoyas situadas en “Kings Canyon”, que no se declaró Parque Nacional Hasta 1940.

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