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    Como anécdota, un maderero llamado Walter Frie, en 1888, vino del valle de San Joaquín a esta zona acompañado de 5 obreros, empleando una semana en talar una secoya, y cuando contó sus anillos de crecimiento, y se dio cuenta que había acabado con la vida de un árbol de 3266 años, se convirtió en un proteccionista activo y luchador, dejando de ser maderero y dedicándose a cuidar las secoyas, de estos Parques, como Superintendente de los mismos, hasta su jubilación, con 71 años, en 1930.

    La mayoría de los visitantes que vienen a estos dos Parques, mis acompañantes y yo entre ellos, lo hacen atraídos por los bosquetes de secoyas gigantes, únicas existentes en el mundo. Es verdad que los paisajes de montaña y alpinos, cruzados por ríos que discurren por profundos barrancos, con numerosas cascadas, o salpicados por lagos cristalinos, son dignos de admirar. Pero paisajes similares a estos podemos encontrarlos en muchos otros sitios de Estados Unidos y del mundo, mientras que las manifestaciones de estos árboles gigantes solo se encuentran aquí, donde en un área de unas 300 hectáreas, dentro del “Sequoia”, conocida como el “Bosque Gigante”, vegetan unas docenas de ejemplares de las más viejas de las existentes.

Sobre las costillas de la corteza.

    Antes de continuar conviene aclarar que, estos gigantescos árboles, en contra de lo que pueda parecer, tienen un sistema radical muy somero, carente de una raíz principal profunda, por lo que, a medida que ganan en volumen por la edad, la base de su tronco se refuerza generando unos contrafuertes con su corteza, que llegan a tener más de 1 metro de espesor. De este modo se resisten las tensiones que produce el viento al batir sobre su grandiosa copa, o el complementario y excesivo peso de la nieve que en ella se acumula en los rigurosos inviernos. Estos dos fenómenos naturales, son los principales causantes del abatimiento de estos monumentos vivientes, contribuyendo al debilitamiento y destrucción de sus copas las descargas de los rayos sobre las mismas. Si estos agentes naturales no intervinieran, como decía el naturalista John Muir, “estos gigantescos árboles parecerían inmortales”.

    Puede existir otra creencia, que no se ajusta a la realidad, de que las secoyas son árboles de crecimiento lento, cuando por año de vida su media de crecimiento en volumen es de 0,5 metros cúbicos, crecimiento no alcanzado por ninguna otra especie arbórea..

El General Grant.

    El punto de partida para iniciar el recorrido por el “Bosque Gigante” es la secoya conocida como “General Sherman”, el árbol vivo más grande de la Tierra. Antes de llegar a ella ya hemos ejercitado nuestros músculos del cuello, en subir y bajar la mirada, de forma reiterada, para seguir la altura descomunal de todas las secoyas próximas al sendero que nos conduce a la misma. Cuando uno se encuentra próximo a los pies de este gigante, siente una sensación de agobio y admiración. De agobio, porque de un momento a otro se espera ser engullido por ella, sensación que debió sentir el que la bautizó con el nombre del general más sanguinario que participó en la guerra civil de los Estados Unidos, y de admiración, porque se está delante de más de 2500 años de historia viva, marcada en sus anillos de crecimiento. Después de contemplar sus exageradas dimensiones: 84 metros de altura; 31 metros de la circunferencia de su base; 1541 metros cúbicos de volumen…..etc, es necesario retirarse un poco de ella, pues estas exageradas dimensiones no parecen tales, al encontrarse rodeada de otras secoyas de distintas clases de edad y tamaño. Además, un poco alejados de su pie, podemos contemplar el porte atormentado, con sus ramas más altas y su copa quebradas por efecto de los rayos, que la aleja mucho de la belleza piramidal que presentan las secoyas que no han superado el milenio de edad.

    Si seguimos recorriendo el “Bosque Gigante”, el itinerario recomendado es el conocido como “Sendero del Congreso”, que parte del “General Sherman” y en tres kilómetros de longitud, se encuentran cuatro de las cinco secoyas más grandes del mundo, y nos lleva a los pies de otras diez que llevan el nombre de políticos y militares históricos de este país. Este paseo hay que hacerlo despacio, mis acompañantes y yo le dedicamos más de tres horas, pues cada uno de estos gigantes presenta un porte distinto al anterior, trasmitiéndote sus formas sensaciones diferentes. Los grupos de árboles jóvenes, de dos o tres individuos coetáneos, ninguno destacando de los demás, te hacen creer que te encuentras delante de árboles clónicos, que han sido manipulados por el hombre para protegerles de sus enemigos exteriores. Todo en este paseo, como decíamos ante el “Sherman”, es exceso y grandiosidad, y la “Washington”, la “President”, la” Lincoln”, la “Franklin”, la “Monroe”, la “Adams”, la “Pershing I y II”, la “Principal” y la “Hamilton”, dejan grabada en nuestra retina su imagen, elevándose hasta tocar las nubes, junto con esa magia especial que trasmiten todos los seres a los que se les considera mitos vivientes, pues aunque solo sea por su volumen, las diez secoyas mencionadas acumulan más de ONCE MIL metros cúbicos de madera.

    Dejamos atrás el “Bosque Gigante”, y hasta la salida Oeste del “Kings”, atravesamos el bosquete conocido como de los generales, en el que se encuentra la secoya “General Grant, descubierta en 1862, que se consideró la mayor de las conocidas, hasta que en 1879 se descubrió la “Sherman”, aunque esta supremacía, reclamada por los dos distintos Condados en que ambas se ubicaban, no se resolvió hasta en 1921, la Asociación Forestal Americana procedió a medir ambas secoyas.

    Situados ante la “General Grant”, considerada la tercera secoya más grande de las existentes, su tronco que todavía no ha perdido, por la edad, una perfecta forma fusiforme, le confiere una belleza de porte que ha perdido la “Sherman”. Esta belleza de su porte, debió ser la causa de su elección para que, en 1977, las naves espaciales “Voyager I y II” , en sus viajes de mies de años rumbo a las estrellas, llevaran entre las 118 fotos de los fenómenos más destacados del Planeta Tierra una de esta secoya, para que si así donde lleguen existen otras civilizaciones, puedan contemplar la forma más armoniosa y bella de estos árboles gigantes.

    Cuando se abandonan estos dos Parque Nacionales, no es posible hacerlo sin reconocer el tremendo esfuerzo de todos los que, en plena época de colonización, con todas las dificultades que ello representa, pues con un sola secoya se podían construir 200 cabañas, lograron la protección adecuada, para que estos bosquetes residuales de árboles gigantes no desaparecieran talados por el hombre, y llegaran hasta nuestros días sometidos solo a las leyes de su evolución natural.

    Terminaremos hablando, en el próximo artículo, de las secoyas “sempervirens”, cuya supervivencia no corre ningún peligro.