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    Apenas iniciado el año 2013, antes de olvidar aquello que más nos impactó del recién terminado 2012, es bueno recordarlo, como ejercicio que nos conduzca a echarlo de nuestro archivo personal, para dejarlo aparcado en el rincón más escondido de nuestra memoria, de tal manera que su recuperación no sea fácil de rememorar.

Una de las tristes herencias que nos ha dejado el año 2012, ha sido un record de superficie arbolada recorrida por el fuego. Para los profesionales forestales es un motivo de frustración, a pesar de las altas inversiones aplicadas a frenar la acción de los incendios, comprobar que cada decenio nos encontramos igual o peor que el decenio anterior. Lo peor es que esta frustración no representa ninguna sorpresa, pues las Comunidades Autónomas con índices mayores de tasas de quema permisibles, como es lógico, son en las que, con mayor facilidad, un conato de incendio se ha convertido en un gran incendio.

Los datos estadísticos aun sin cerrar, y sin tener la plena seguridad que, todas las Comunidades Autónomas han cumplido el mandato constitucional, de remitir sus datos al Estado, son de echarse a llorar para todos los que dicen que aman a los árboles, pues ha sido pasto de las llamas un 75% más de superficie que la media de la última década. Esto traducido a nivel de calle, quiere decir que más de 50 millones de árboles, más de un árbol por habitante de España, muchos de ellos centenarios, han muerto de pie, quizá porque la administración encargada de cuidarles y protegerles, se ha olvidado, en los últimos treinta años, de ordenar de manera sostenible los montes arbolados en los que estaban asentados, o porque se han olvidado de contemplar los pocos puntos básicos para combatir los incendios forestales.

Lo triste de todo lo sucedido es que, se desconoce que las distintas administraciones, si exceptuamos la Comunidad de Madrid, no han incluido entre sus prioridades la de repoblar, de forma inmediata, la superficie incendiada. Si seguimos así ¿Cuánto durarán nuestros montes arbolados a este ritmo ?. La pregunta tiene fácil contestación, pues si disponemos de 12 millones de Has. arboladas, y en los últimos 30 años el fuego ha arrasado 3 millones de ellas, nuestros bosques mediterráneos centenarios se perderán para siempre en poco más de un siglo.

Los profesionales forestales consideramos que es una prédica en el desierto, nunca mejor dicho, intentar hacernos oir, cuando parece que ni a las asociaciones de vecinos les preocupa, año tras año, tanto destrozo de la Naturaleza. Esta misma aptitud siguen los medios de comunicación, pues solo uno de tirada nacional le ha dedicado, en su resumen del año 2012, una mención a los grandes incendios forestales acaecidos en el pasado verano. No obstante, aunque podamos parecer pesados, seguiremos denunciando el tratamiento, muchas veces falto de profesionalidad, que se viene aplicando, en las últimas décadas, al problema de los incendios forestales en España, con el que no se consigue reducir el número de incendios, ni la superficie arbolada quemada, a cifras similares a la media de los años sesenta. Con esta insistencia perseguimos que la sociedad no nos deje solos ante esta reivindicación, como hasta ahora, y se pueda lograr cambiar la deriva, de la que parece estamos condenados a no salir, aunque no sea nada más que para demostrar que es verdad que tenemos más sensibilidad ecológica que hace 50 años, aseveración que, por ahora, no deja de ser una falacia.

El año que ha terminado, tampoco se ha destacado por despegar en los dos campos forestales, la repoblación y la corrección hidrológica, casi totalmente olvidados desde que se produjeron las transferencias a las Autonomías. No es fácil que se preste atención a resolver estas carencias, mientras no se contemple la cuenca hidrográfica como la unidad de planificación, y sobre ella, el Estado, como único competente según la Constitución, se redacten los Planes de obligado cumplimiento para las distintas Autonomías. Se culpa a estas últimas, de no llevar a cabo una política forestal integrada por cuencas, y no se reclama al Estado que cumpla su obligación planificadora, que obligue a todas las administraciones forestales a su cumplimiento. Esta tarea es la que cualquier Estado que se considere moderno debe ejecutar, por ser indispensable para la conservación de la Naturaleza y su desarrollo sostenible. Es verdad que se han perdido muchos años, caminando cada cual por distintos caminos que no conducen a la misma meta. Pero nunca es tarde para corregir el rumbo, aunque el Estado, al que le corresponde esta misión, debe tomarse un poco en serio esta responsabilidad.

Confiemos que en el año 2013, que según todos los pronósticos será malo para casi todos los sectores, se vuelva a reconocer, la función básica y fundamental ,que los montes arbolados ejercen sobre dos de los elementos más importantes para que exista la vida: el suelo y el agua. QUE ASÍ SEA.