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    Artículo publicado en la sección 'ciencias' del periódico digital Publico.es. Por David Varona.


    Gabriel Leblic, portavoz del Colegio de Ingenieros de Montes afirma que los bosques españoles necesitan 2.000 millones de árboles

    El problema de la desertificación se puede considerar grave en un 31,5% de la superficie española, según expuso el Ministerio de Medio Ambiente en la última Conferencia de la ONU sobre la Lucha contra la Desertificación. Ante ese panorama, la pregunta surge de inmediato: ¿qué se puede hacer para que España no se transforme en un desierto?

    Hay consenso en señalar que una política forestal seria, con amplios planes de reforestación y restauración de la masa forestal, es la principal solución para detener estos procesos. Pero no se puede decir que España haya diseñado ya esta estrategia. Y eso que el Gobierno presentó en septiembre un plan contra la desertificación.

    Según la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, se invertirán 6.500 millones de euros de ahora al 2010 para desarrollar restauraciones hidrológico-forestales. También se trabajará contra la erosión y los incendios.Pero el plan no ha convencido. Desde Ecologistas en Acción, por ejemplo, se ha calificado de "insuficiente e incompleto". Asegura que no atiende a la relación que existe entre desarrollo urbanístico y desertificación, y añade que no concreta medidas y que "carece de ambición".

    El responsable de la campaña de bosques de Greenpeace, Miguel Ángel Soto, llega más lejos y denuncia que no hay una política forestal en el ámbito nacional porque las competencias están transferidas a las comunidades autónomas y así "es muy difícil hacer una valoración conjunta de lo que se hace y de cuál es el estado actual. Se ha comenzado la casa por el tejado: se han hecho leyes autonómicas de montes sin que haya una general y el Plan Forestal Nacional no se está aplicando por dejadez del Gobierno central", denuncia.

    Según lamenta Gabriel Leblic, asesor del Colegio de Ingenieros de Montes, "en más de siglo y medio, no se han asignado los recursos necesarios para acabar con la erosión del suelo, el fenómeno que lleva inevitablemente a la desertificación. No hay voluntad política para acabar con esta situación. España es el país de la UE con mayores problemas en este sentido", sostiene.

    Leblic señala que España tiene unos 13 millones de hectáreas con alta erosión y que cada hectárea pierde unas 12 toneladas de tierra al año, una pérdida que además tarda varios millones de años en regenerarse. Frente a estos datos, el Plan Forestal Nacional, en vigor desde el 2002, se plantea recuperar sólo 3,8 millones de hectáreas en 30 años.

    "2.000 millones de árboles"

    "Hace falta un plan para plantar unos 2.000 millones de árboles", asegura Leblic, "y hay que aportar recursos y poner de acuerdo a las autonomías, y que cada una de ellas plante lo que sea necesario para frenar la erosión", reclama este portavoz de los ingenieros de montes.

    Pero, de nuevo, aparece el problema de la dispersión legislativa y la fragmentación de la acción autonómica. "Incluso somos el único país del mundo donde los Parques Nacionales no los gestiona el Estado, sino que lo hacen las comunidades autónomas", subraya.

    También exige medidas serias el reciente informe sobre cambio climático presentado por 50 expertos al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. El documento dice que "el adecuado manejo de las técnicas de cultivo, del laboreo, riego y gestión de las enmiendas orgánicas en cultivos y la reforestación de yermos son medidas que permitirán la adaptación (y mitigación) de los impactos derivados del cambio climático".

    Es una llamada más de atención sobre el problema que se plantea en España ante la falta de acción. Es cierto que en los últimos años ha crecido la superficie forestal del país, pero eso no significa que la masa arbolada haya aumentado. Es más, el informe de los expertos predice que el cambio climático puede poner en peligro la supervivencia de muchos montes y su capacidad para retener dióxido de carbono de la atmósfera.

    Público ha consultado al Ministerio de Medio Ambiente acerca de su estrategia forestal, pero sus portavoces se han limitado a señalar que el Estado sólo tiene una misión coordinadora y que son las comunidades autónomas las que han de llevar la iniciativa.

    Repoblar y gestionar

    Históricamente, en España, se han trazado ambiciosos planes de reforestación. Algunos de los más importantes llevaban la firma del ingeniero de montes Luis Ceballos, autor en 1939 del Plan General de Repoblación de España, base del trabajo de reforestación llevado a cabo en la posguerra. Una de sus técnicas era plantar pinos y, a su sombra, hayas o robles. Con el tiempo, los pinos servirían de alimento a las otras especies, que prevalecerían.

    Hoy, se piensa en combinaciones de plantas para repoblar, aunque hay expertos que consideran que los pinos son invasores. Gabriel Leblic explica que la especie a utilizar la marca el territorio, pero “no se puede satanizar a los pinos porque en España tenemos siete especies autóctonas”. Las especies nobles necesitan otras colonizadoras, como los pinos. En un bosque natural, debajo de los pinos crecerán robles, pero es un proceso que puede tardar 4.000 años. Sin embargo, se puede acelerar ese proceso cuidando la masa existente, gestionando mejor las talas, entresacando… “Es lo que se llama gestión sostenible y se puede ver, por ejemplo, en los bosques de La Granja, en Segovia, que llevan 400 años de gestión y ya presentan zonas donde el roble domina”, explica Leblic.

    Desde la ONG ecologista Greenpeace, Miguel Ángel Soto comparte parcialmente esta visión, pero recuerda que la investigación en los procesos de propagación de especies autóctonas ha avanzado mucho y que hoy se puede repoblar, por ejemplo, con abedules, “que crecen igual de rápido que los pinos”.